📖 Elio y el cometa dormilón
Capítulo 1: El hermoso desconocido
Elio vivía en el Puerto Lunar, donde cada tarde parecía tocada por un poco de magia. Una noche tranquila, Elio encontró un cometa bebé dormilón junto al sendero. El nuevo amigo era tan hermoso que todos se detenían a mirar, pero algo iba mal: los barcos nocturnos no podían zarpar porque la estela guía se apagó. Elio quiso arreglarlo deprisa, aunque Puck temblaba cuando alguien corría demasiado. Entonces Elio se arrodilló cerca, habló con suavidad y vio la primera pista brillando en la oscuridad. Ayudar no siempre empieza con un gran rescate. A veces empieza con una pregunta baja y paciencia para escuchar la respuesta.

Capítulo 2: El pequeño regalo
Por la mañana, Elio y Puck siguieron la pista por el Puerto Lunar. Encontraron un arnés de farol pulido con sal lunar, pero solo funcionaba cuando se llevaba con cuidado. Varios vecinos dieron consejos ruidosos, y por un momento Elio casi olvidó escuchar. Entonces Puck tocó el regalo y mostró un camino más tranquilo. Paso a paso, el problema dejó de dar tanto miedo. El sendero aún se torcía, pero ahora lo caminaban juntos. Elio entendió que la ayuda correcta deja sitio para otro corazón en lugar de empujarlo a un lado.

Capítulo 3: Una luz para compartir
Cuando volvió el atardecer, Elio usó un arnés de farol pulido con sal lunar en el centro de el Puerto Lunar. El cambio no estalló como fuegos artificiales. Se abrió despacio, cálido y hermoso, hasta que todos pudieron ver que ser digno de confianza es cuidar las tareas pequeñas antes de que se vuelvan grandes problemas. Puck brilló aliviado, y los vecinos que antes corrían empezaron a sonreír con más calma. Elio guardó un pequeño recuerdo de la aventura, no como trofeo, sino como promesa de notar antes las necesidades silenciosas. Desde entonces, el Puerto Lunar recordaba el cuento cada vez que alguien elegía cuidado en vez de ruido.
