Theo y el río de los sonidos perdidos
Capítulo 1: El río silencioso
A Theo le encantaba inventar canciones, así que se sorprendió cuando el Río de los Sonidos Perdidos quedó completamente callado. Normalmente llevaba cantos de pájaros, risas, campanas y lluvia dentro de burbujas brillantes. Ahora hasta los peces nadaban sin susurros. Ripple, una nutria anciana, pidió ayuda a Theo, pero él empezó a enumerar todas las posibles razones. Ripple levantó una pata: la primera pista solo se oía cuando Theo dejaba de hablar.
Capítulo 2: La pista más pequeña
Theo esperó hasta oír el agua alrededor de las piedras. Bajo la corriente sonó un toc-toc diminuto, como una cuchara contra una taza. Lo siguió hasta una grieta del puente de cristal y encontró una piedrita que cantaba. No necesitaba que la sacaran; necesitaba que alguien escuchara el ritmo del río y respondiera con otro golpecito. Theo copió el ritmo despacio. El puente respondió con un acorde cálido y regresaron algunos sonidos perdidos.
Capítulo 3: Una canción hecha juntos
Los sonidos recuperados bajaron por el río, pero no sabían dónde quedarse. Theo escuchó cada uno: el chapoteo de una rana, el tintineo de un pez campana y la risa de una foca. Invitó a cada criatura a añadir su sonido solo después de escuchar el anterior. Pronto el río llevó una canción nueva formada por muchas voces. Theo comprendió que escuchar no es esperar el turno para hablar. Es dejar espacio para que otra voz se vuelva clara.